Diosa Eterna


Russell, subyugado por el deseo carnal, se encuentra en los solitarios pasillos de un hotel de cinco estrellas de Fiji; dos plantas por encima de la habitación que ha alquilado durante todo el mes con Michelle. Se detiene junto a uno de los espejos que descansa en una de las paredes de la décima planta, sólo para templar sus nervios y asegurarse de que nadie lo observa. Su cabello rubio, siempre bien peinado hacia un lado y del que se siente tremendamente orgulloso, brilla con la fuerza de mil soles, arrancando destellos de color miel que hacen las delicias de jóvenes y no tan jóvenes. Se acerca al rellano de la suite deluxe, el silencio de la estancia le lanza guiños de complicidad que lo animan a seguir con su locura, y llama a la puerta con el corazón latiendo tan fuerte en su interior que cree que va a salírsele.
Sale a recibirlo una belleza italiana afincada en Roma, de largo cabello negro; una de esas mujeres por la que un hombre daría la vida. Morena, de piel aceitunada a medio desnudar, ojos negros penetrantes y unos senos de oscuros pezones que arrastran a Russell a la locura; una diosa del pecado de la que ha quedado prendado. Un anhelo del que quiere disfrutar.
La mujer sonríe al verlo, el rostro perlado de sudor y furtivo como un expedicionario del amor. Se llama Mia, Mia Disopranio. Su marido, un viejo magnate al que no le importa lo más mínimo que su joven y voraz esposa se divierta con otros hombres, en estos instantes no se halla en el país, algo que a Mia no importa en demasía. De madre italiana y padre libanés, Mia es poseedora de la fuerza y la belleza del cruce de dos culturas separadas por el Mediterráneo, un manjar que el hombre se muere por acariciar, un pecado del que se piensa vanagloriar.
Russell, con el miembro viril palpitante y pugnando por salir de su pantalón, se lanza desesperado al cuello de Mia, sin molestarse siquiera en cerrar la puerta de la habitación. Ella recibe gustosa sus caricias y echa la cabeza hacia atrás para lanzar un suspiro que enciende más aún los ánimos del hombre. Él termina de desnudarla, y ella hunde su mano en lo más íntimo de su ser, se muerde el labio y se acaricia el sexo mientras lanza gemidos que son escuchados en toda la planta. Él la toma por la espalda, y recorre su cuerpo con la punta de la lengua hasta llegar a su culo, al que dedica varios mordiscos antes de enterrar el rostro para empaparse de las fragancias y los jugos que nacen de su interior.
Se impregna de todos aquellos sabores y al levantarse, tembloroso y avergonzado, abraza a la joven con fuerza.  Siempre le sucede lo mismo cuando engaña a su mujer. El ímpetu es tal que Mia tiene que luchar para darse la vuelta, buscando la boca que acaba de lamerla entera, anhelando el sabor de su propio cuerpo en los labios de un desconocido, que ahora la agarra por la espalda con el pene ya desnudo, tieso y duro como el del amante gentil que es, y la penetra.
El acto dura apenas un suspiro. Mia percibe que Russell se halla al límite, y se separa de él ofreciéndole su coño para que pueda explotar a placer sobre él. Después acaricia la verga del hombre, arriba y abajo, y él se deja llevar por el deseo, por los instintos más primitivos, y vuelve a penetrar a la diosa de la ciudad eterna.

8 comentarios:

  1. Tio!!! Se te da muy bien todo historica..fantasia.. realismo urbano.. erotico... eres una puta mina... ahora me voy a por un clinex juajuajuajua... ( Ole tu Toni )

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    1. Jope qué maquinorro estás hecho tío. Muchas gracias por contestar.

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  2. Gracias, en nombre de la propia Diosa Eterna, por haberle otorgado su lugar en LAS ALMENAS. Donde siempre debió estar.
    Ni que decir tiene que me encanta. Gracias.

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    1. Ahí está la moza, ya no la muevo más. Gracias por todo.

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  3. Madre del amor hermoso... Entre este caballero de pelo rubio con el brillo de mil soles, y el Fisio de Mary Ann me vais a volver adicta a la erótica XD
    Muy intenso ;) Y aunque no soy fan de este tipo de lecturas, he de decir que me ha resultado bastante atractivo de leer jeje Un abrazo!!

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    1. Si te soy sincero, no me siento demasiado cómodo infiltrándome en este género. Yo soy de acero, escudo y lanza, de veteranos soldados malhablados que entregan su vida por el Imperio. Muchas gracias por leerlo y comentar.

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