Camorristas: Descalzos



Estoy esperando a mi coleguita Sergio en el banco de la plaza, viendo a las gatitas folloneras de nuca rapada de mi barrio pasar.
A estas felinas de rostro angelical les crecen antes las tetas que los dientes, y se mueven como fulanas pese a que ninguna de ellas es mayor de edad. Las muy guarras se exhiben por ahí medio desnudas, enseñándolo todo sin ningún pudor, como si uno fuese de piedra y pudiese controlar sus erecciones. Joder, pero qué ricas están. Empiezo a notar algo de inquietud en la entrepierna, sobre todo ahora que ha llegado esa gatita cachonda de Ana. La muy guarra tiene un buen polvo y tal, aunque no le llega a la suela del zapato a mi Soledad. Se encuentra a años luz de ella y una y otra juegan en divisiones distintas, así que no se pueden comparar. En fin, tío, no soy dueño de mi persona y así están las cosas para ella; aunque será mejor que el jodido Sergio se vaya dando prisa, por el bien de su chochete, o en este puto lugar habrá un jodido follicidio de esos que hacen historia.

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